El lunes 03 de agosto sonó nuestra alarma sobre las 07:00 a.m para levantarnos y ponernos en marcha a la Fuente de Neptuno, enfrente de Mitte, o como se le llama por aquí Torre De Televisión. Allí buscamos algo que estuviese abierto para poder desayunar algo, encontramos el Dunkin (cadena de dónuts bastante peculiar) abierto y decidimos cogernos unos cafés y unos dónuts.
A las 08:15 teníamos que estar enfrente de la Fuente esperando a nuestra guía, pues era día de excursión, nos tocaba conocer nuestro primer campo de concentración y una de las ciudades emblemáticas y más importantes de la historia de Berlín; Postdam.
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Nuestra guía se llamaba Solange, una chica muy atenta, simpática. Nos recibió con una amplia sonrisa y nos explicó que tardaríamos una hora más o menos en llegar a nuestro primer destino del día.
A medida que íbamos avanzando nos explicaba un poco más de la historia Nazi, que se dedicaban a hacer en el campo de concentración Sachsenhausen, como empezó todo y como concluyó. Cuando nos dimos cuenta ya estábamos en la entrada, dispuestos a bajar del autobús y adentrarnos en ese mundo, ver todo con nuestros ojos.

No voy a mentir, daré mi opinión más sincera pues de eso se trata, no es una visita fácil, no entras con una sonrisa en la cara y te marchas lleno de alegría. No. Entras con un respeto inmenso a todo lo que ahí pasó, caminas por cada zona pisando un suelo que antaño se recorrió con dolor, lágrimas, enfermedades, trabajando en el, e incluso cuantas cabezas pensando en una manera de huir de ese lugar. Hoy en día la mitad de los barracones no existen, es la sombra de lo que era, un cubículo lleno de piedras…
Nuestra guía nos había contado que justo en ese campo no “mataban” a muchas personas, y si lo hacían era como modo disciplinario para que temiesen. La mitad de las muertes no las exponían al público… Sino que se hacían en una habitación con doble pared a base de pistola. Fuese de la manera que fuese era un genocidio una masacre Nazi, no era un campo de trabajo como ellos le llamaban, no, eso era una cárcel, el destino a tu muerte.
Ver cada zona era la representación de ponerse la piel de gallina… imaginar cada detalle… ver donde les colgaban y los decapitaban. Ver cómo dormían, en literas triples, donde en cada una quizá había 15 personas…. Vamos que si no te mataban, te hacían morir.





Después de ver, escuchar y sin saber qué decir, salimos con más realidad de la que entramos. Eso no era vida, nadie elegiría eso para el mismo.
Montamos en el autobús con un sabor amargo y pusimos rumbo a Postdam.

Una ciudad con belleza, donde tras el bombardeo quedó “casi” intacta, por lo que decidieron reunirse ahí en vez de en un Berlín destruido.
Su encanto, su belleza nos cautivó, fue un cambio radical de emociones, sentimientos encontrados por lo que habíamos vivido hacía tan solo unos momentos y lo que estábamos contemplando en ese instante.
Paseamos por la ciudad, comimos, visitamos sus monumentos históricos y sobre todo nuestra visita final terminó en el castillo.
Que belleza contemplar todo, saber su historia y poder visitar esos lugares que te llenan de paz y sabiduría.

Después de nuestro día intenso, lleno de emociones, repleto de saber, y con muchas más ganas aún de seguir sabiendo, pusimos rumbo a Berlín, para rematar con un buen café mientras paseábamos e irnos a recuperar fuerzas con una rica cena y un merecido descanso. Con mil cosas por decirnos y muchas más sin saber qué decir. Siendo muy conscientes de que cada rincón, cada camino, cada huella cuenta una historia, debes estar abierto a escuchar y entender, a posicionarte o simplemente a tener uso de razón.
Sabiendo que nuestro viaje no había hecho más que empezar, decidimos dar por terminado nuestro día para coger con más ganas la siguiente aventura.

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