El miércoles 05 de agosto comenzamos el día sin madrugar mucho, nos levantamos a una hora normal, nos preparamos y salimos del hotel a las 10:00 a.m para ir a desayunar antes de comenzar nuestra ruta mañanera que nos deparaba algo interesante. Habíamos decidido tomarnos el día con un poco de relax, pero no de estar tirados en un bar o en el hotel todo el día, no nuestro día tranquilo era más interesante.
El día anterior habíamos pasado por una entrada espectacularmente increíble, para nosotros unas personas frikis, amantes de Japón y su cultura, ver algo así nos impactó para bien. No sabíamos bien qué era hasta q unos metros adelante vimos el cartel que nos anunciaba que era el zoológico. Ya teníamos las entradas cogidas con antelación, algo que siempre nos ayuda.
Zoo de Berlín
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Nuestro conductor de Bolt nos dejó en la entrada, serian como las 11:00 a.m de la mañana y ya podíamos observar una cola considerable para comprar los tíquets del zoo, cola que no tuvimos que hacer porque ya teníamos las entradas cogidas de antemano, como dije, simplemente tuvimos que acercarnos a la máquina que había allí, escanear el QR coger nuestras entradas no digitales y entrar por el control.
No encontramos ningún mapa en la entrada por lo que decidimos llevarlo en el móvil para ubicarnos de donde estábamos o a donde queríamos ir.
Lo primero que vimos nada más entrar fue los leones, un animal que si me hicieran escoger qué animal sería lo escogería sin pensar, he de decir que me encantan los leones y verlos siempre me enamora. Son tan aquí estoy yo, el depredador alfa, y nadie me sopla, que admiro la fortaleza que transmiten.

Echamos un buen rato observándolos, viendo como paseaban y se movían por su recinto como si nada fuese con ellos. Qué esperábamos? Pues la verdad queríamos escuchar uno de sus rugidos, pero solo lo vimos bostezar.
Seguimos nuestra ruta y a cada paso nos encontrábamos más y más animalitos, unos más adorables que otros pero algo nos falló, nos engañaron como tontos, dos recintos enteritos y dos vitrinas interior que ponían bien grande y en negrita “GUEPARDO” “PANTERA” y nosotros preguntándonos dónde? Pues si, la respuesta era en ningún sitio.
Pero no acababa ahí. Unas cuantas señales, un recinto enorme y un cartelito que ponía “JIRAFAS” y nosotros allí puestos, enfrente al recinto, mirándonos uno al otro, volviendo a mirar el mapa y con la misma pregunta en la boca: Dónde están? Tampoco estaban. Y llevábamos tres de tres. Progresábamos.
Lo siguiente que fuimos a ver fue los tigres, y yo amante del tigre blanco tenía mi esperanza de volver a verlo en persona, pues ilusa de mi, no había ningún tigre blanco, de cuatro tigres ninguno era blanco. Que si eran bonitos? Pues claro, que si me gustan? Por supuesto, pero yo tenía mi esperanza. Pero que seremos los humanos sin esperanza.
He de decir que uno de los tigres, tan apuesto él, tan ancho y tan fotogénico, ni que fuera influencer, vino hasta la ventana a mirarnos, tumbarse y decidió quedarse un rato con nosotros.

Fuimos a ver las focas y los leones marinos, mientras nos comíamos un Pretzel, pues siempre nos gusta probar lo típico de cada país o zona y no queríamos irnos sin probar uno.
Justo al lado de los leones marinos había un “acuario” enorme donde se encontraban los pingüinos, pero qué cositas más curiosas esos pequeñines.

Visitamos las aves, los pocos reptiles que tenían, vimos zebras, avestruces, ñus, vacas, búfalos, búhos, hienas, buitres… ardillas en celo… ratas muchos tipos de ratas, bueno yo no las vi, salí huyendo.
Seguimos caminando y vimos un perezoso, bastante grande la verdad, volvimos después de una hora y se había movido para su “caseta” a dormir de nuevo.
Después fuimos a la zona de los monos, donde estaban desde mandriles, chimpancés, gelados, mono araña, macacos, haplorrinos, hasta Gorilas.
Seguimos y fuimos hasta los flamencos, con sus colores vivos rosas, toques naranjas y blancos se distinguían a lo lejos, sus graznidos eran graves y fuertes.
Fuimos hasta los elefantes donde vimos como comían y se duchaban, o intentaban duchar a la gente.

Los rinocerontes estaban durmiendo, pero si algo nos sorprendió fue su piel, no la contábamos rugosa de esa manera, era como tocar una piedra áspera.
Los siguientes que visitamos fueron los hipopótamos, una pareja y sus crías, enormes he de decir, en cuanto se acercaron nadando no sabía si quedarme o salir huyendo por si decidían romper el cristal. Graciosos eran un rato, pues le debe dar asco la gente que en cuanto decidieron acercarse nos premiaron con sus heces.
Fuimos a comer a uno de los restaurantes que había en el zoo, y nos apeteció pasta y pizza, con una buena cervecita. Pero he de mencionar que el animal más típico en Alemania deben ser las avispas, porque era matemático comer o beber algo, y tenías cuatro mil a tu alrededor sin dejarte tranquilo.
Al terminar de comer fuimos paseando a ver más animales y a volver q ver algunos, y mientras nos comíamos un helado rico nos sentamos enfrente a los tigres a ver como dormían la siesta.
Y ahora os pregunto, si os hicieran elegir entre un os Panda y un Panda Rojo, cuál escogerías? Yo no puedo escoger entre ninguno, porque los dos son monísimos y adorables, pero Diego lo tenía claro, el se quería traer el Panda rojo.
He de decir que el Panda rojo me sorprendió, para bien, no había visto ninguno hasta hoy, y verlo ahí dormidito, tan achuchable el, que abría sus ojos para mirar y se volvía a dormir fue reconfortante. Ver con lo poco que se conforman los animales y lo mucho que necesitamos los humanos.

Fuimos en busca de los osos pardos y los encontramos teniendo una “pelea” amorosa, pues se estaban dando afecto, pero a su manera.

El punto fuerte del zoo lo dejamos para el final, pues queríamos sorprendernos aún más y de paso aprovechar la hora que tenían los trabajadores para darles de comer y verlos comer.
Por lo que en cuanto se dio la hora fuimos al mejor recinto de todos, ya su estructura nos impresionaba por la ambientación asiática que tanto nos chifla, la música que transmitía paz y tranquilidad y ahí, haciéndonos hueco entre la multitud pudimos visualizarlos al fin. El animal esperado, un animal que nos gusta a todos pero que pocos tienen la posibilidad de verlo, y ahí estábamos nosotros rompiendo barreras y rompiendo las expectativas todas que teníamos. Si ya las teníamos altas aún se pusieron más.
Como un animal puede ser tan adorable, comer como si nada importara y seguir siendo adorable aún con sus colmillos afilados. Pues ese es el Oso Panda, ahí estaba el, sentado como un marqués, escogiendo que bambú comer y cual no, oliendo si ese le gustaba o si no, troceándolo, pelándolo y escogiendo otro. Y todo ello sin despeinarse.

En esos momentos solo podía pensar, en entrar dentro, achucharlo y llevármelo para mi casa. Pero no se podía, por motivos obvios.
Nuestro último destino en el zoológico fue la visita a las cabras, a tocar cabras se ha dicho, pues ahí fuimos de cabeza. Pero junto con ellas había ovejas muy lanudas, y cuando digo muy es muchísimo, pero escapaban en cuanto presentían que les ibas a tocar.
Se de uno que fue muy feliz acariciando a cada una de ellas, pero que temía romperlas.

Después de visitar, volver a visitar y comentar todos y cada uno de los animales que vimos o no pudimos ver porque realmente no estaban allí, el vil engaño, salimos del zoológico dejando una gran experiencia y satisfacción dentro nuestra y pusimos rumbo al centro de la ciudad.
Después de unos paseos tranquilos y tan reconfortantes después de nuestra visita al zoo, se acercaba la hora de cenar, por lo que decidimos dónde y qué haríamos al día siguiente. Pues nos quedaba algo muy importante por ver y nuestro vuelo salía por la tarde.
Una vez decidido donde cenar, fuimos a la pizzería escogida, nos pedimos dos pizzas y dos Coca Colas para comer allí, pero para nuestra sorpresa el camarero nos entregó dos cajas con las pizzas y las dos Coca Colas y nos dijo Adiós. Y no, no iba a cerrar. Por lo que nos fuimos con nuestra cena al hotel, entramos en nuestra habitación y nos pusimos a cenar, para después descansar lo máximo posible para amanecer con fuerzas.
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