Verano 2026

El lunes 10 de agosto, decidimos dormir un poquito más, sin éxito, ya que la cama del hotel era muy incómoda; justo en el medio de la cama había una tabla de madera que nos dejó el cuerpo dolorido.

Cuando nos levantamos eran las 09:00 a.m y exprimiendo un poco la cama, nos vestimos con calma y nos fuimos a desayunar y coger fuerzas. Pues nuestra aventura del día requería concentración, estabilidad y fuerza.

Al terminar de desayunar dimos un paseo visitando más cosas, viendo tiendas, hasta que fuesen las 12:00 p.m para ir a la actividad, si le teníamos muchas ganas.

http://¡Echa un vistazo a esta actividad en GetYourGuide! https://gyg.me/JnztVEWu

Teníamos dos instructores, RANGER, dirigiéndonos, explicándonos, y dándonos las armas. Nos hacían competir entre nosotros, y obviamente nosotros ya teníamos una apuesta hecha.

Los casquillos saltaban de cabina a cabina, teníamos que mantenernos bien ocultos para que los casquillos voladores de la cabina de al lado no nos golpearan. Pero no hizo falta, nuestros propios casquillos tenían sus planes… Nada más coger el arma reglamentaria, en el segundo disparo mi casquillo salió rebotando, me dio en el pecho y entró por dentro de mi camiseta; ilusa de mi dije termino de disparar y me lo quito, vaya gracia, eso quemaba de una manera abrasadora que tuve que quitármelo como pude, mientras nuestro monitor me mantenía la mano firme y me preguntaba si estaba bien.

Nos trajeron la K47, disparamos y cuando yo estaba disparando un casquillo salió disparado al bolsillo del vaquero de Diego, el cual estaba esperando a que dejase de quemar para sacarlo, pero una vez termine le ayude a quitar el casquillo del bolsillo.

La siguiente arma que nos trajeron fue el típico revólver del oeste, con ese fui la perdedora, no me gustó nada, mientras que Diego lo disfrutó a mi me costaba hasta cargar.

El ultimo arma que usamos fue la escopeta, menudo retroceso tenía, menudas hostias te pegaba como no estuvieses bien colocado. Una chica de las que estaba con nosotros, del retroceso que le metió, dio una vuelta de 180 grados.

La experiencia fue alucinante, un desestresante puro, adrenalina al máximo y que ganas de no terminar nunca.

Salimos llenos de alegría y nos fuimos a pasear por Praga mientras pensábamos donde comer, pues al terminar nuestra ruta del día era ir a visitar el castillo de Praga, buscar las estatuas de Kafka, ir a la calle más estrecha, y sobre todo nuestro recorrido terminaría con la visita al Palacio Wallenstein.

Cuando terminamos de comer fuimos directamente al Castillo de Praga, atravesando el tan peculiar y conocido Puente Charles, subimos una multitud de escaleras para poder llegar a la plaza del castillo y una vez allí, los bomberos estaban regando a la gente y la plaza por el calor. Un espectáculo que solo vimos en Praga.

Hicimos mogollón de fotos, recorrimos cada cm del lugar y volvimos a bajar escaleras para seguir en busca de las cosas que queríamos ver. Al final de las escaleras, había una pequeña tiendita que vendía batidos de fruta natural, pues allí fuimos a por unos de sandía para hidratarnos y refrescarnos.

Seguimos la marcha pasando por parques, y fuimos localizando cada una de las cosas.

Mientras hacía la foto, me llegaba un agradable olor a canela y galletas de jengibre que me daba hasta hambre, pues enfrente estaba la tienda más famosa de galletas.

Lo siguiente que fuimos a visitar fue la calle más estrecha que hasta semáforo propio tiene.

Llegamos al final y siguiendo las señales de EXIT, terminamos en el pasillo de un restaurante, la jugada maestra.

Fuimos dirección al parque donde estaban las figuras de los bebés sin rostro de Kafka, al llegar habían algunos grupos de personas haciendo fotos y unos niños jugando con las estatuas.

Una vez hicimos las fotos, fuimos al Palacio Wallenstein, al llegar comenzamos a visitar cada rincón y buscamos los animales (que nos prometían había).

Y si, los encontramos, dos pececitos y unos cuantos pavos reales. Allí nos sentamos a descansar un rato y admirar las vistas mientras alguno jugaba con el pavo real.

Después de un buen rato en los jardines nos fuimos hacia el centro, a la parada obligatoria de mi señor, unas fresas con chocolate. Era su merienda de todos los días, lo que conllevaba que cenábamos tarde.

Seguimos paseando y aprovechando rincones que fotografiar, ir comprando algún que otro souvenir y algún capricho para nosotros.

Fuimos a cenar más o menos sobre las 23:00 p.m incluso más tarde y cuando terminamos fuimos al hotel, vimos un capítulo de algo y nos pusimos a dormir.

Deja un comentario