Verano 2026

El martes 11 la alarma volvió a sonar a las 09:00 a.m, pero ya estábamos medios despiertos por los dolores de espaldas que teníamos derivados de la cama.

Nos tocaba una cita muy especial, algo dulce y delicioso, algo que haríamos con nuestras propias manos; pero antes nos fuimos directos a desayunar algo.

A las 10:00 a.m teníamos la hora de entrada, el local estaba por donde la plaza del reloj astrológico, por lo que una vez acabamos de desayunar fuimos paseando para allí. Y literal, son tremendamente puntuales, las puertas solo las abrieron cuando el reloj dio las diez en punto, ni un minuto más ni uno menos.

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Allí estábamos nosotros, paseando y viendo tiendas cerca del “Museo del chocolate” mientras esperábamos a que abriesen.

Cuando al fin abrieron fuimos en caminados para dentro, allí nos explicaron que lo primero que haríamos, antes de visitar el museo era hacer nuestro propio chocolate. Qué maravilla. Eso podía salir muy bien o muy mal.

Éramos los únicos adultos, junto con una madre con su hijo, y tres niños chinos muy adorables.

Nos mandaron lavarnos las manos y nos dieron unos mandiles para no mancharnos.

El maestro chocolatero nos explicó la procedencia del chocolate, de qué planta, cómo se lograba el cacao y todo el proceso hasta llegar al chocolate negro, blanco y con leche.

Antes de empezar nos dio unos chocolates que él había preparado para que probásemos y al terminar nos mandó comenzar.

Allí estábamos nosotros, poniendo nuestros nombres en las bases y turnándonos con las mangas pasteleras haciendo nuestras tabletas de chocolate, con frutas, lacasitos, galletitas, nubes y más chocolate.

La experiencia fue divertida y reconfortante, nos hubiese gustado poder hacer las tabletas de chocolate blanco, pues nos chifla, pero por motivos de tiempo de solidificación no nos dejó.

Una vez terminamos fuimos a hacer la ruta del museo, donde hicimos fotos y probamos diferentes variedades de chocolate de otros países.

Después de un rato en el museo, salimos y recogimos nuestros chocolates, agradecimos el tiempo y fuimos a pasear.

Decidimos comer comida típica otra vez y después seguir con nuestras visitas a zonas aún no exploradas.

Al terminar de comer fuimos a la biblioteca municipal, pues yo una amante de los libros no podía dejar pasar la oportunidad de ver la torre de libros infinita. Pero que no os engañen todo tiene truco.

Al salir de la biblioteca, fuimos dando un largo paseo por zonas maravillosas a nuestro paso, hasta la casa danzante.

Cuando alcanzamos a divisarla estaba repleta de gente, autobuses turísticos que paraban y gente cruzando por los pasos de peatones para verla. Y allí desde una buena ubicación la contemplamos e inmortalizamos.

Mientras caminábamos nos íbamos encontrando con más arte de Kafka, los señores del paraguas.

Según buscábamos nuestro siguiente punto de interés, hicimos una parada estratégica a tomar un café. Descansamos un poquito, aprovechamos a ir al baño y seguimos caminando hasta llegar a la sinagoga Judía; parándonos a contemplar antes la fachada del centro comercial, con unas figuras gigantes (una avioneta con alas de mariposa) a las que se le movían las alas.

El autor de estas esculturas, obviamente el mítico Kafka. Su arte está lleno de belleza y de cosas locas pero que hacen el mundo más divertido.

Continuamos nuestro recorrido y llegamos a la sinagoga.

Mientras caminábamos y veíamos lo que nos quedaba por ver, fuimos al “Capitán Candi” a comprarnos unas gominolas.

Hicimos tiempo hasta la hora de la cena, donde fuimos a un restaurante enfrente De la Torre astrológica, comimos pasta y nos tomamos unos cócteles mientras disfrutábamos el ambiente.

Habíamos decidió que esa noche pasearíamos por el puente, viendo y contemplando como era iluminado de noche esa zona. La esperanza de no encontrarlo repleto de gente se desvaneció enseguida, pues no había hora en el día que no hubiese mogollón de gente en el Puente Charles.

Aún así logramos pasear y disfrutar la noche haciendo alguna foto por el camino. Las farolas hacían unos efectos en las fotografías que no quedaban del todo mal.

Después de un largo paseo nos fuimos al hotel a descansar, al final entre no descansar en condiciones y pasear por todos lados llegábamos reventados al final del día.

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