El viernes 26 de diciembre tenía una cita muy divertida, pero por motivos ajenos a mi me la cambiaron para el lunes 29, por lo que cambiamos los planes y organizamos el día de diferente manera.

Como buena fanática de Harry Potter que soy no hay lugar en el mundo que vaya y tenga cosas referentes al mundo mágico de Hogwarts que yo no vaya a visitar. Por lo que después de un rico desayuno, cargada con un precioso y unos calentitos cafés y chocolates calientes para amenizar el frío, nos fuimos camino a la zona más transitada y antigua, la más conocida y sobre todo y más importante, para mi obviamente, Victoria Street, o más conocida para los frikis de Harry Potter, como esta servidora, “Callejón Diagon”.


Pasear por las calles, ver a la gente, observar todas y cada una de las tienes de Harry Potter que había, era como darle un caramelo a un niño para mi, me sentía una maga en busca de todo el material escolar para el inicio de las clases de Hogwarts.
No hubo tienda que dejáramos por visitar, colas que dejásemos de hacer, aunque en alguna no mereciese la pena. Pero, quién lo sabía si no lo hacías?
Acabamos nuestro recorrido mágico y caminamos conociendo la ciudad, sus monumentos, su historia, su castillo y su palacio
Fuimos a la cámara oscura, museo, allí nos divertimos como niños mientras hacíamos todas y cada una de las actividades de las salas y plantas. Subimos al mirador que estaba en el último piso a contemplar las vistas desde arriba.



Salimos del museo y seguimos caminando por la ciudad, hicimos una parada estratégica para recargar energía comiendo, descansamos un rato y seguimos. Recorrimos el mercadillo viendo los puestos alucinantes que había, observando lo magnífico que estaba todo y lo precioso que decía.


A las 15:30 p.m ya comenzaba a oscurecer, por lo que parecía q a medida que avanzábamos más de noche era.
Nos dimos el gusto, de merendar una crep y sentarnos en una mesa del mercadillo mientras comíamos y contemplamos el paisaje. Terminamos y fuimos caminando sigueindo las luces y los monumentos.


Caminar por la ciudad completamente adornada e iluminada era una sensación reconfortante y adorable, observar cada rincón de una manera diferente, más peculiar, más navideño.
Habíamos visto en el mapa del mercadillo, que no era nada pequeño, una pista de hielo y queríamos patinar, ya que nos habíamos quedado con las ganas en Nueva York.
Fuimos buscando la pista sin saber dónde podría estar, hasta que un cartel nos dio la pista definitiva para encontrarla. Al llegar cogimos las entradas y nos fuimos a patinar.
Llevaba años sin ponerme unos patines, y más aún sin ponerme unos patines de hielo, la experiencia fue divertida, entretenida y caótica.

Mientras intentábamos mantener el equilibrio, patinar sin ser profesionales, y divertimos sin caernos ni molestar a nadie, el destino o mejor dicho una chiquilla aún más novata y haciendo el bobo, jugo en mi contra…
Sabéis las típicas caídas de internet que te parecen graciosas cuando las ves? Pues esa misma caída fue la que yo experimenté en mi propio cuerpo, y puedo asegurar que para nada me pareció graciosa.
Tan solo sentí el golpe en mi pierna de apollo y ya estaba rodando por el suelo sin gafas y sin lograr mover la pierna… no lograba ponerme de pie, sentía un dolor inmenso en la cadera, culo y pierna, y mi cuerpo decía que no podía levantarse; el dolor era tan fuerte y punzante que ahí seguía yo sobre el hielo, una chica del Staff acudió corriendo para seguir el procedimiento y llevarme hasta lo médicos, le dije que no era necesario y me ayudó a levantarme junto con Diego. Este se asustó al verme pensando que me había lacerado la rodilla.
Entre los dos me ayudaron a salir para fuera para que pudiera sentarme y recuperarme, mientras me volvía a decir que me llevaba a los médicos. Sentarse era misión imposible, no podía estar sentada y aún no entendía el porqué, no en ese momento.
Lo mandé ir a patinar y aprovechar el tiempo mientras yo me quedaba fuera, pues mover la pierna era morir de dolor, por lo que patinar se había terminado, pero al cabo de 15 minutos, cabezona como yo sola, volví a entrar a la pista a encontrarme con Diego e intentar volver a disfrutar un ratito del hielo.
Cuando terminamos nuestro tiempo de patinaje, fuimos andando despacio, pues yo tenía aún bastante dolor, hacia el hotel. Paramos en un supermercado a coger algo para picar y beber y algo para desayunar al día siguiente, ya que teníamos una bonita excursión.
Paramos en el Starbucks y me cogí un café para el hotel, pues lo necesitaba para estar un ratito tranquila en la habitación y me apetecía con el frío que hacía.
Entramos en la habitación y descubrimos el motivo de mi dolor, en mi nalga izquierda y en la cadera, estaba comenzando a apreciarse unos tonos morados y negros bastante considerables.
Después de descansar un rato fuimos a cenar, ya bastante tarde, dimos un paseo nocturno y nos retiramos a dormir, ya que al día siguiente teníamos que madrugar bastante.

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