El sábado 22 de marzo nos levantamos, nos preparamos y salimos a desayunar y a pasear por la ciudad, como ya teníamos todo más que visto y teníamos una cita prontito según termináramos de comer, decidimos pasear, comprar recuerdos y ver lo que nos tenía que aportar el centro.
Visitamos puntos que habíamos visto, caminamos despacio deleitándonos de cada momento, absorbiendo la energía que transmitía y viviendo.
Fuimos q comer al Joe’s con nuestras porciones de pizzas y nuestra bebida e hicimos tiempo hasta las 15:30 p.m, que teníamos nuestra cita.
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Llegó la hora y nos fuimos acercando al punto, el Empire State nos estaba esperando, obviamente era un sitio obligatorio que visitar en Manhattan, por lo que de miles de miradores que puede existir siempre toca elegir, y nosotros elegimos el Rockefeller de noche (lo que es un espectáculo) y el famoso Empire State.

Cada sala, cada altura, ver cómo se lo tenían montado por dentro, como los años hacían que seguía teniendo la fama y el esplendor. Un punto icónico donde muchas películas tuvieron su auge, su ascenso a la fama, donde solo por salir ese edificio se hace el boom. Ahí estábamos nosotros, pisando esos suelos, subiendo esos pisos, maravillándonos con cada hecho, fotografiándonos con King Kong… disfrutando como niños, siendo adultos.

Llegamos y nos encontramos las vistas, aunque hacer unas buenas fotos conllevaba tener unas vallas en ellas. Algo que nos esperábamos pero que creíamos que algún punto podía estar sin ellas, pero no, o eres unas vallas vip con mucha pasta o te comes un mojón.

Conseguir una buena foto? Que era eso… Pero se intentó, el aire ahí arriba no nos daba tregua, pues con él el frío se hacía más latente y era inaguantable estar mucho tiempo ahí fuera. Por lo que intentábamos no estar quietos mucho rato y si podíamos entrar un poco y volver a salir lo hacíamos.

Dentro aprovechábamos las vidrieras para hacer unas fotos increíbles en puntos diferentes, fotografiar la escultura del Empire State en una vidriera, sentirnos en las alturas (literalmente) por un día.

Una vez finalizada nuestra visita, fuimos bajando y fuimos a merendar algo, habíamos probado los típicos puestos callejeros, en sus furgonetas y sus fritos y nos pareció bastante caro para ser un puesto de calle y no eran tan asombroso como lo pintan.

Después de una merienda, paseamos por la zona y planeamos el día siguiente, pues sería nuestro último día en Manhattan, Nueva York, queríamos hacer algo especial y unas fotos diferentes para nuestros álbum por lo que a mi se me ocurrió una idea, que para mí era incorregible.

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