Habíamos planeado algunas cosas diferentes para el domingo 23 de marzo, una de ellas era acudir a una misa góspel en el barrio de Harlem, por lo que teníamos que levantarnos temprano. Pero el destino jugó en nuestra contra y nos dormimos, cuando nos despertamos, vimos que ya no llegábamos a la misa, pues nos llevaba una hora y algo llegar más prepararnos y faltaba media hora para que diese comienzo. Me sentí bastante chafada, pues era algo que tenía muchas ganas de presenciar.
Por lo que seguimos con nuestro segundo plan, nos tocaba un picnic de día completo en Central Park, por lo que lo primero que debías coger era el desayuno para ir a acamparnos en un lugar que nos gustase y después la comida, pues era nuestro último día y lo queríamos tomar a relax, disfrutando de las vistas y haciendo algo que no hacemos normalmente, un picnic.
Por lo que nos preparamos y salimos del hotel, cogimos unos Donuts en el Krispy Kreme y continuamos, pues los cafés los cogeríamos en el Starbucks de enfrente a Central Park y la comida iríamos por ella también a un lugar cercano.
Ya con lo necesario, nos adentramos en Central Park buscando el sitio apropiado, uno que nos gustase y no estuviese muy transitado. Lo encontramos y acampamos ahí.

Teníamos buenas vistas, y estábamos agusto, no podíamos pedir más, por lo que nos pusimos a desayunar y pasamos el rato, alguna siesta de vez en cuando, algunas fotos y mucha charla sobre todo.
Por la tarde nos fuimos paseando por todas las calles, entrando en tiendas que encontrábamos que nos llamaban la atención, observando y sobre todo quedándonos con cada momento, pues se iba acercando el día de regresar y lo bueno siempre se termina.
Vimos como el despliegue de bomberos salía de su parque para atender una emergencia, era un despliegue alucinante, 4 camiones, sus respectivos coches de jefe… mientras algunos conductores le impedían pasar.
Sobre las 22:30 p.m decidimos ir a cenar, esta vez escogimos cenar en el Macdonals de Times Square, con las maravillosas vistas, su aglomeración de gente y sus actividades.

Terminamos de cenar y fuimos dando nuestro último paseo nocturno en la ciudad, pues por la mañana pondríamos rumbo al aeropuerto para volver a casa.
Dimos el día por finiquitado y nos fuimos a arreglar las maletas y a descansar.
El lunes 24 de marzo, dejamos la habitación a las 10:00 a.m, normas del hotel, y fuimos a coger el metro para poder llegar al aeropuerto. Nuestro vuelo tenía escala en Canadá, y nada más llegar al aeropuerto, nos encontramos con que los vuelos de Canadá se estaban cancelando, la cosa no pintaba bien.
Hicimos el control, fuimos a comer y estábamos cerca de la puerta cuando me llega un correo de Air Canadá diciendo que mi vuelo fue cancelado y que ya nos mantendrán informados. Esperamos y esperamos sin recibir nada más, hasta que después de casi una hora y algo hable con Diego y le dije que iba a acercarme a la puerta de embarque y ver si las chicas que estaban allí sabían alguna información. Para nuestra sorpresa sí que lo sabían y nadie nos estaba avisando, nos habían adjudicado otro vuelo con escala en Lisboa y para que no fuese nada fuera de lo normal no era en ese aeropuerto, sino que teníamos que irnos a New Jersey a coger el vuelo, una estupenda maravilla. Miramos un Uber para llegar y nos cobraba nada más y nada menos que 200€, porque las chicas nos dijeron que teníamos que coger un taxi e ir corriendo para allí, así de majos todos, y obviamente como no soy tonta y se lo que hay les pregunté si nos iban a pagar el taxi y dijeron que posiblemente NO. Es decir que no los avisan del cambio del vuelo, ni del cambio de aeropuerto, nos hacen ir en taxi, nos quieren cobrar 200€ y no se hacen responsables. Bueno pues nosotros cogimos dimos las gracias y marchamos de allí, buscando por nuestra cuenta cómo llegar al nuevo aeropuerto. Cogimos un autobús que nos cobró 50€ los dos, y de esa manera llegamos. Guarde los tiques y todo los billetes de los aviones cancelados para poder reclamar.
Porfin después de unas horas nuestro vuelo salió y llegamos a Lisboa en 6h, eran las 09:30 a.m y ya estábamos esperando nuestro vuelo para por fin llegar a Madrid y poder coger el autobús, si no lo perdíamos.

Al fin a las 15:40 p.m ya estábamos sentados en el autobús dirección a casa para poder descansar. Y así pusimos fin a nuestro viaje en Nueva York y a nuestra Luna de miel.

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