Tokyo
El domingo 04 de agosto teníamos una cita muy esperada y especial, con la naturaleza, algo que estábamos deseando ver e inmortalizar tanto en físico como mentalmente.
Teníamos que estar en el punto de encuentro en Ginza a las 07:00 a.m, por lo que nos tocaba madrugar un poco más de lo normal. Nos preparamos y salimos para desayunar de camino al punto de encuentro.
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Una vez en el punto de encuentro, llegó el autobús a su hora prevista 07:20 a.m, por lo que montamos y pusimos rumbo a nuestra primera parada. Después de dos horas de viaje habíamos llegado a la Quinta Estación del Monte Fuji, donde la desilusión, la frustración y la rabia comenzó a apoderarse de nosotros, pero por algún motivo Diego estaba mucho más afectado, tenía un cabreo fuera de lo común que no lograba comprender.
Es lógico que estuviésemos molestos, frustrados y todo lo que se pueda describir, pues con el tiempo tan maravilloso que hacía no lográbamos entender porque una nube nos tapaba la visión del monte. Resulta que en épocas de verano, es más probable que no se pueda ver que poder visualizarlo.

Decidimos pasear, y acudir a las tiendas de suvenir pues intentar sacar una foto en un segundo donde la nube se desplazaba un pelín, resultó más imposible de lo normal.
Estábamos en un país que se come pronto, por lo que al salir del Monte Fuji, pasando por el lado del Bosque de los Suicidios (a cuyo lugar no entramos) nos llevaron dirección al restaurante. Pues habíamos cogido la opción de comida.
El lugar estaba ambientado en una academia Ninja, con sus armas, los trajes y las armaduras típicas de los guerreros.

Cuando llegamos nos encontramos con un entrante típico de albóndigas, setas, aloe vera. También nos estaban preparando el bufet, por lo que nos sentamos y cogimos unos platos para ir en busca de la comida.

Si algo tenía que probar era el arroz con Curri de allí, decían que estaba realmente bueno y yo tenía que comprobarlo y degustarlo. Son intolerante al picante y nada que algo pique ya me hace daño, por lo que el Curri no pude terminármelo. He de decir que estaba muy bueno, pero al picar ya no podía comerlo ni con arroz ni sin el.

Una vez terminamos de comer, estábamos a reventar, salimos a pasear por los jardines del lugar y allí nos encontramos cosas maravillosas. Había un riachuelo con su puente preciso, una torre de vigilancia y sobre todo mucha vegetación.
Controlábamos la hora constantemente para no despistarnos de la que nos había dicho el guía y cuando estaba acercándose, nos fuimos dirección al autobús; esperamos a que todos llegasen y nos dejasen montar para poner rumbo al siguiente destino, Hakone.
En Hakone nos esperaba un viaje en teleférico y uno en barco por el Lago Ashi, pero antes de coger el teleférico, nos dieron tiempo libre por Hakone para visitarlo. Intentamos buscar la casa del Grito, pero por algún motivo no aparecía, por lo que nos quedamos sin ir hasta allí.
Acabamos el tiempo libre y nos fuimos al teleférico donde llevábamos unas Coca Colas para hidratarnos por el calor que hacía, dentro aún hacía más por las vidrieras.


Terminado nuestro viaje en teleférico nos tocaba el paseo por el Lago Ashi, en un barco antiguo a lo pirata.
Ahí zarpamos por el lago disfrutando las vistas que podíamos y sin presencia del Monte Fuji, pero si de Toris en el agua. La paz que se respiraba tranquilizaba el alma, penetraba en las entrañas como buena voluntad. Y así de esa forma dejaba disfrutar de un hermoso paisaje y tener un viaje emocionante.

Ya con Hakone recorrido nos montamos en el autobús dirección a la estación de Odawara, donde cogeríamos en tren bala hasta Tokio, lo que nos llevaría unos 40 minutos llegar.
Ver el tren bala por primera vez era alucinante, como pasaban de 300 km/h a 0 en cuestión de segundos solo por estar entrando en las estaciones. D
De esa manera con la excursión dada por finalizada, pisamos la estación de Tokyo a las 19:14 p.m, por lo que comenzamos a pasear por Shibuya, cruzando por su famoso cruce, haciendo fotos a cada paso que dábamos, entrando el la tienda de One Piece viendo lo que había y haciéndonos fotos con Luffy; y una vez con todo eso hecho, nos fuimos directamente al centro Pokémon de Shibuya. E
Estábamos cumpliendo sueños, creando ilusiones y volviendo a ser niños.


Tocaba hacer videollamada a la familia mientras continuábamos paseando y mirábamos donde cenaríamos esa noche.
Nos decantamos por un restaurante de pasta, donde nada más entrar nos obsequiaron con agua fría, pues es una tradición en los locales dar agua gratis a la gente y tè.
Cenamos y al terminar seguimos paseando un rato hasta que nos sentimos tan sumamente cansados que decidimos ir al 7 eleven a coger algo para llevar para el hotel, ver si llegara la maleta (cosa que no había llegado) e irnos a descansar para poder madrugar al día siguiente y comenzar otro día más en la ciudad.

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