Tokyo
El lunes 05 de agosto nos levantamos como todos los días pronto, sobre las 07:00 a.m, para prepararnos e ir a desayunar, y aún así ya parecían las diez de la mañana, no nos acostumbrábamos a que a las seis ya fuese tan de día.
Una vez terminamos de desayunar, lo hacíamos siempre en Starbucks, nos fuimos dirección al Santuario Meiji, pasando por templos preciosos que estaban a nuestro alcance merecía la pena recorrerlos e hicimos las padadas correspondientes, hicimos los rituales que correspondían y allí entendí porque el día anterior Diego estaba tan cabreado por no lograr ver el Monte Fuji.

Hicimos una parada estratégica de camino al Santuario Meiji para tomarnos un café y continuamos la ruta hasta que llegamos al destino.

Cada lugar que visitábamos era una sonrisa de felicidad en nuestro rostro, y ese día no podía ser menos. Para llegar al santuario se tenía que recorrer un parque enorme y hermoso, por lo que buscamos un mapa, localizábamos dónde estábamos y el camino que debíamos tomar, pero aún así no dudados en que íbamos a recorrer todo el lugar. Había mucho que explorar y teníamos tiempo para ello.

Si, lo primero que nos encargamos de visitar fue el santuario, una maravilla preciosa, seguimos recorriendo el parque por el río con nenúfares, con sus casitas alrededor sus campings, sus puentes…
Todo estaba perfectamente limpio y cuidado, los jardines se mostraban impolutos con el césped cortado, las casas estaban cuidadas y las zonas de descanso también.


Una vez recorrido todo el parque Yoyogi nos fuimos directos a Shibuya, donde aún nos quedaban cosas por ver, comeríamos allí para acudir y no llegar tarde a la cita con el Shibuya Sky.
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Nos adentramos en la tienda Disney, el paraíso de la infancia, allí volvieron a florecer los sueños de cuando éramos niños, nuestra cara volvió a brillar como pequeños sin importar nada más que nosotros y el lugar.

Poco a poco nos fuimos acercando hacia el Shibuya Sky, y mientras aún nos quedaba tiempo fuimos a tomar café. Cogimos la mesa de la ventana, en el segundo piso viendo él cruce de Shibuya.
Llegó la hora y nos adentramos en la aventura, subimos al piso 47 para disfrutar las vistas y hacer algunas fotografías.

El mirador era impresionante, las personas parecían hormigas, los edificios más pequeños de lo normal. Allí estábamos aprovechado el momento, sentándonos donde podíamos para contemplar esa vistas. Una vez con el mirador contemplado continuamos nuestro recorrido pusimos rumbo a Roppongi Hills, allí nos encontramos una plaza llena de Doraemons
De Ropongi nos fuimos a la Torre de Tokyo, donde a medida que avanzaban las horas se iba oscureciendo el día e iluminando la torre.

Fuimos caminando y paseando hasta que se dio la hora para cenar por lo que ahí que fuimos y después de un paseo nocturno nos dirigmks al hotel a descansar para el día siguiente levantarnos con más ganas aún de recorrer la ciudad y deleitarse con su belleza.
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