Vacaciones 2024: Japón

Kioto

El jueves 08 de agosto nos levantamos pronto, para prepararnos y hacer el check-out ya que teníamos que llegar a la estación para coger el tren dirección a nuestro siguiente destino, Kioto.

Nos salía el tren bala a las 06:06 a.m, tardaríamos 2h 15 minutos en pisar suelo de Kioto, por lo que no sabíamos si cerrar los ojos y dormir, o aprovechar el viaje y alucinar con ver las cosas a toda velocidad. Nos decantamos por ambas, pues al final el sueño vino pero poco tiempo nos dio, ya que en cuanto cerramos los ojos ya habíamos llegado al destino.

Bajamos del tren y salimos de la estación dirección al hotel pues estábamos a diez minutos andando, teníamos que rodear la estación, cruzar un puente y seguirá la calle y unos metros más ya veríamos el hotel, Sotetsu Fresa Inn Kyoto- Kiyomizu Gojo, donde nos quedaríamos hasta el 11 de agosto, donde pondríamos rumbo a nuestro último destino.

Después de caminar con las maletas, una de ellas (la que retuvieron en China) rota, llegamos al hotel y como no podíamos hacer el check-in hasta las 15:00 p.m, nos guardaron el equipaje y nos fuimos a pasear y conocer la ciudad.

Lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde desayunar y al terminar nos fuimos directos a Ginkaky-ji (Pabellón de plata), donde nos cogimos unos deliciosos granizados.

Lo visitamos, nos asombramos con la belleza y la cultura y después de unas cuantas fotos nos fuimos al siguiente punto del itinerario, Templo Kinkaky-ji (Pabellón Dorado), donde pagamos nuestras entradas y nos adentramos para verlo, deleitarnos y enamorarnos.

Seguíamos en una nube mientras vivíamos un sueño, cada lugar, cada monumento, cada historia, etc… era un chute de adrenalina, aún no nos habíamos ido del país Nipón y ya queríamos volver.

Después de darle el tiempo suficiente al enorme lugar, nos fuimos a un punto más relajado más Zen, Jardín Zen Ryvanji, allí no solo contemplamos la paz y tranquilidad y su belleza, no, allí también nos relajamos y nos sentimos en paz con nosotros mismos. Lo que transmitía el lugar era indescriptible, era maravillarse por algo que no lográbamos entender pero ahí estaba, sentirnos bien en paz es algo que recomendamos a todos.

Su cultura dice que para caminar debes descalzarte, bendito milagro, adoramos andar descalzos por el suelo y estar en los templos descalzo era sentirse como en casa pero a miles de quilómetros. Esas sensaciones tan únicas mientras hacíamos nuestro sueño realidad, era una bendición, un regalo.

Terminamos nuestro recorrido de relajación y nos fuimos a comer, para seguir caminando y conociendo lugares a nuestro paso. Sobre las 16:30 p.m nos fuimos a hacer el check-in en el hotel y descansar un poco, dormir una pequeña siesta pues de tanto madrugar necesitamos recuperar un poco de energías para seguir conociendo un poco más en ese día.

Cuando entramos en la habitación encendimos la tele y nuestro teléfono comenzó a sonar “Alerta Tsunami”, en la tele no había otra cosa que se acerca el Tsunami. Por lo que como personas responsables, avisamos a la familia de que estábamos bien y la catástrofe meteorológica no era en Kioto, para que estuviesen tranquilos si veían algo en las noticias.

Al despertarnos de la siesta, sobre las 19:30 p.m, fuimos a pasear y como ya estaba oscureciendo comenzaban a encender las farolas y los templos estaban cerrados, por lo que nos tocaba verlos de lejos y sin luz más que la de alrededor.

Callejuela a callejuela fuimos recorriendo la ciudad, llegamos a un parque que recorrimos de la mano de un farolillo, un paseo nocturno con la naturaleza y un farol. La paz y la tranquilidad se respiraban en el ambiente, la belleza se apreciaba aún a oscuras.

Recorrimos cada punto, cada zona sin dejarnos nada, asombrados en la noche y la belleza que se transmitía viéndolo todo de la mano de un simple farolillo. Terminamos nuestro recorrido en un templo a la salida del parque, fuimos caminando hasta el punto de entrega del farolillo y de ahí nos fuimos a cenar.

Al terminar, seguimos paseando hasta el hotel, viendo todo a nuestro paso, pues era momento de retirarse, a pesar de haber dormido una siesta seguíamos agotados del viaje, ya que nos habíamos levantado a las 04:00 a.m, llegamos a nuestra habitación y nos rendimos al cansancio.

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