Verano 2024: Japón

Kioto

El viernes 09 de agosto nos levantamos, nos preparamos y desayunamos antes de irnos a la estación a coger un tren para nuestra excursión del día, nos iríamos a visitar Nara, un punto donde si o si teníamos que ir, darle de comer a los ciervos y explorar toda la ciudad.

Sobre las 11:00 a.m estábamos en Nara, lo primero que hicimos nada más bajar del tren fue situarnos e ir en busca de los ciervos. Según avistamos el primero, ya vimos a una señora con una mesita vendiendo las galletas típicas para darles de comer, cogimos un paquete cada uno y antes de comenzar a darles ya teníamos mil a nuestro alrededor; Alguno incluso nos mordía la ropa desesperado por la galleta.

No nos dejaban dar un paso sin perseguirnos y mordernos la ropa, creemos que alguno se llevó más de una galleta.

Pintaba que iba a ser un día muy diferente y peculiar, y no nos falló. Nos pasamos la mañana paseando entre los ciervos, visitando templos y lugares de Nara que desprendían magia. Comimos y continuamos observando el lugar.

Por la tarde, después de coger unos cafés volvimos al tren para regresar a Kioto y visitar el Templo Kiyomizu-Dera, allí lo recorrimos todo, haciendo los rituales, observando maravillosas vistas, asfixiándonos de calor y muriendo de cansancio por la caminata, pero sonriendo por todo lo que estábamos descubriendo y sintiendo.

Era reconfortante estar caminando horas y horas, a pesar de sentirse agotado poder dar paso tras paso para poder seguir descubriendo lugares y misterios.

Sentirse vivo y disfrutando de la ocasión era algo que no podíamos explicar, no queríamos irnos y sentíamos que a pesar de todo lo que habíamos recorrido y que nos quedaba aún por recorrer, aún dejábamos atrás muchísimo más por descubrir.

Cada templo, cada santuario, a pesar de tener ciertas similitudes, todos era completamente diferentes, todos tenían su historia y su encanto, en cada uno podías encontrar diferentes cosas y estilos. Si hay algo con lo que me quede con ganas de traer fue un Omamori, el amuleto protector, a pesar de mirar en los templos casualmente no encontré ninguno.

A pesar del calor que hacía que estuviésemos más cansados aún, seguimos caminando y visitando todo lo que queríamos ver en el día, haciendo alguna parada para contemplar las vistas, para hacer fotografías, para hidratación y sobre todo para comer algún fresquito helado.

Uno de los mejores sabores que pude probar fue el helado de mango con macha, era un sabor increíblemente único pero delicioso.

A pesar de estar abarrotado de gente, podíamos andar con tranquilidad, había lugares donde debíamos ir más despacio por la aglomeración, o las colas pero del resto se podía pasear con total tranquilidad, mientras no dejábamos de maravillarnos con cualquier cosas por insignificante que fuese.

A las 20:00 p.m ya estábamos tremendamente agotados, por lo que decidimos ir al hotel a refrescarnos y volver a salir para cenar.

Por la noche aún hacía calor pero era más aguantable que durante el día, por lo que decidimos pasear un rato antes de dormir, pero la luz de las farolas era escasa por lo que no podíamos ir por algunos lugares por falta de ella.

Y así de esa manera terminamos nuestro segundo día en Kioto, paseando por sus calles a la luz de las farolas y disfrutando de la tranquilidad de la noche y de su gente.

Deja un comentario