Verano 2024: Japón

Kioto

El sábado 10 de agosto nos levantamos pronto, nos preparamos y salimos a desayunar pues nos tocaba un día movidito, con bastantes pasos que dar.

Terminamos de desayunar tranquilos y nos pusimos en marcha, con un calor abrasador que ya nos acompañaba a las diez de la mañana, fuimos refrigerándonos por el camino y siempre acompañados por nuestros mini ventiladores. A medida que avanzábamos, nos encontrábamos pequeños comercios con helados, granizados, fresas, mango, sandías, bastante tipo de comidas y refrescos varios.

Con el calor que teníamos nos decantamos por unos granizados y así intentábamos combatir el calor, mientras continuábamos íbamos haciendo fotos, pues las calles, los paisajes, eran asombrosos para ver.

Seguimos caminando y llegamos al primer punto y primer templo del recorrido, allí fotografiamos el mapa para orientarnos a medida que ascendíamos, vimos que el recorrido no iba a ser pequeño, cosa que intuimos desde antes de empezar, observamos que durante el ascenso había un par de miradores, los cuales serían paradas obligatorias para un pequeño descanso.

Una vez mentalizados, con la energía cargada, las primeras fotografías tomadas, comenzamos el ascenso al Fushimi Inari, o más conocido por el Templo de los mil toris).

Pasito a paso y decidimos subimos y fuimos zona a zona, contemplando, maravillándonos y observando cada Tori, la inmensa mayoría han sido colocados, donados, por empresarios pidiendo algún deseo, o dando gracias por algo; Cada uno tenía sus Kanjis.

Por muy temprano que se vaya el hecho de lograr una foto sin ninguna persona, es misión imposible, por lo que aprovecha las pequeñas oportunidades para hacerla con la mínima gente o cuando justo en esos minutos no aparece nadie por detrás. Pues los turistas no somos como los nacionales que respetan y se paran cuando alguien está haciendo una fotografía en un lugar, no, nosotros los turistas somos des seguir sin importar nada.

Estar caminando cruzando todos y cada uno de los toris es impresionante, cuentan las leyendas que son puertas al otro mundo, que no debes quedarte en el medio, debes atravesarlas, si no te ves capaz ni lo intentes pues da mala suerte quedarse en el medio.

Nosotros seguimos nuestro camino hasta el final, parándonos en los puntos concretos para maravillarnos con las vistas, o puntos de descanso; paramos en los miradores, e incluso nos acercamos a alguna de las zonas que estaban cerradas por deslizamientos, vimos los carteles y nos fuimos.

Ante todo debemos ser responsables y respetar el resto de las culturas y los lugares a los que viajamos, no podemos querer hacer lo que nos dé la gana y faltar al respeto, no debemos seguir sus normas y no estropear los lugares porque al final nos prohibirán la entrada a todos esos lugares que nos gustaría visitar.

Llegamos al final, reventados, muertos de calor y llenos de cansancio, nos paramos un rato, compramos unos refrescos y continuamos esta vez como ya habíamos llegado a la cima, nos tocaba el descenso.

Después de más de dos horas entre subir y bajar, visitar y paradas, llegamos al final y nos fuimos a comer, pues ya habíamos hecho hambre suficiente e iba siendo momento de alimentarse para seguir nuestra ruta del día.

Nuestro siguiente punto a visitar y conocer fue el Templo Sennyu-ji, un templo que impresionaba tan solo conocer sus colores oscuros y sus pequeños matices blancos, recorrimos sus jardines y sus espacios.

Seguimos caminando y pasamos por un pequeño, pero hermoso, bosque de bambú, donde obviamente la parada era obligatoria. Continuamos hasta llegar al Templo Ryōzen Kannon, donde un Buda gigante nos daba la bienvenida.

Una vez con la visita obligatoria hecha, nos sentamos al lado que había un pequeño bar, todo de madera y con unas pequeñas mesitas con unos asientos para sentarse, a tomar un helado exquisito y muy típico en los animes y unos refrescos, el helado estaba hecho de hielo picado y el sabor que nosotros escogiésemos. Delicioso, te quitaba la sed y te daban ganas de comer otra cucharada.

Después de nuestra deliciosa merienda, continuamos nuestro recorrido visitando mientras íbamos de regreso al hotel, para volver a visitar el templo To-ji y comprar nuestros recuerdos y regalos para llevarnos a casa.

Con todo el ajetreo nos fuimos a descansar un rato antes de ir a cenar, pero como nos sentíamos tan cansados decidimos pedir y cenar dentro del hotel y descansar más, pues al día siguiente nos tocaba volver a madrugar para coger el tren que nos llevaría a nuestro último destino del viaje.

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